Soneto al caramelo de concierto
envueltos en su celofán
cerrados mejor que abiertos
mejor en las tiendas están
viciosas de caramelos
que se hacen largos y duraderos
para tormento y zozobra del respetable
hay que poner un detector
que descubra esos envoltorios
contemplaran tan sonoro acontecimiento
¿compondrían para tan insólito instrumento?
con esa intrépida observación:
A veces nos entra la tentación
de echar mano de tan sonoro instrumento
en un determinado momento
cuando es muy largo el acontecimiento
pero como somos respetuosos,
discretos y decorosos
no entorpecemos a los ejecutantes
de músicas tan extensas pero siempre emocionantes.
con sus traviesas y sonoras criaturas
no los lleven a conciertos prolongados y de mayores
pues molestan al respetable con sus diabluras
Los retoños se aburren y con razón
¡Ay!, a estos progenitores hay que darles un toque de atención:
Lleven a sus niños al Conciertazo
que allí los infantes al ver a Don Fernando
disfrutan, ríen y agitan los brazos
y algo de la música se les va quedando….
En los conciertos de música clásica es inevitable
que se manifieste la fisiología del respetable.
Veamos, me voy a explicar;
todo tipo de ruidos orgánicos se dejan escuchar:
Entra dentro de lo normal y es hasta necesario
que entre tiempo y movimiento
el público se relaje en ese momento
con toses, bostezos y comentarios varios;
pero lo que no se debería consentir
es que durante la sonora ejecución
se oyeran ruidos ambientales ajenos a la musical actuación
en un continuo y molesto devenir.
ABSTENERSE: tosedores habituales
impertinentes estornudos ocasionales,
catarros y enfriamientos circunstanciales,
celofanes de caramelos banales,
señoras con sus cuchicheos y abanicos estivales…
Y cuando los pianos y pianísimos se escuchan en el local
un inoportuno móvil destaca sobre la obra musical.
Existe una obra para este público poco cortés:
se les recomienda que asistan a la audición de "cuatro treinta y tres".
que se manifieste la fisiología del respetable.
Veamos, me voy a explicar;
todo tipo de ruidos orgánicos se dejan escuchar:
Entra dentro de lo normal y es hasta necesario
que entre tiempo y movimiento
el público se relaje en ese momento
con toses, bostezos y comentarios varios;
pero lo que no se debería consentir
es que durante la sonora ejecución
se oyeran ruidos ambientales ajenos a la musical actuación
en un continuo y molesto devenir.
ABSTENERSE: tosedores habituales
impertinentes estornudos ocasionales,
catarros y enfriamientos circunstanciales,
celofanes de caramelos banales,
señoras con sus cuchicheos y abanicos estivales…
Y cuando los pianos y pianísimos se escuchan en el local
un inoportuno móvil destaca sobre la obra musical.
Existe una obra para este público poco cortés:
se les recomienda que asistan a la audición de "cuatro treinta y tres".

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